Benidorm, sept 4 (SF).- Uno equivocadamente piensa que los medios de comunicación, además de entretener, han de ser espejos de información veraz, de enseñanza, de ética y de no sé cuántos valores más, valores que dignifiquen la profesión de comunicador social.

Pero no, no es así; pondré algunos ejemplos de cosas que pasan en las televisiones de España, tanto privadas como públicas, teniendo estas últimas la obligación de respetar al ciudadano que es quien desde sus sufridos impuestos soporta el ingente gasto de estos medios que no son juguetes de niños caprichosos.

Empezaré con los niños que, en horario infantil, ven los programas mal llamados del corazón donde un grupo de prostitutas y proxenetas (y que me perdonen las auténticas y nobles prostitutas) ladran, me niego a utilizar el verbo hablar, todos y todas a la vez señalándose con el dedo, insultando groseramente, mintiendo, descalificando y obviando el proverbio español que dice:” Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos”.

De esta manera se han hecho famosos y multimillonarios cantidad de personas culturalmente limitados y que nada aportan a la sociedad ni cultural ni social ni deportiva ni académicamente y lo peor es que han creado escuela, y uno se pregunta ¿la sociedad empieza a ser así por culpa de estos maleducados o estos zafios son la proyección de esta sociedad?. Me pregunto si no es terrorismo que en horario infantil a la hora que los jóvenes hacen las tareas escolares se escuche en estos lamentables programas algo así como “Yo nunca he leído ni leeré un libro, el dinero lo hago lanzando infundios sobre gente famosa”; El problema no es ese, el problema es que son los programas que tienen mayor audiencia. De él salen los también más vistos “gran Hermano” y otros muchos cuyo nombre no puedo citar porque nunca los he visto pero sé que existen.

Sigo con los niños, se están multiplicando peligrosamente los programas de niños prodigio que cantan, bailan o hacen payasadas, payasadas que no es lo mismo que hacer el payaso ya que esta última profesión, la de payaso, merece todos mis respetos. Padres que ven en sus hijos cualquier cualidad que les pueda hacer de oro y los utilizan como una mercancía; cierto es, ya sé que alguien me dirá, que muchas de las grandes estrellas nacieron de programas de este tipo, también todos sabemos la cantidad de niños prodigio a los que no dejaron crecer en su ámbito natural y los convirtieron en cristales rotos ¿verdad Linda Blair? ¿verdad Joselito? ¿verdad Justin Bieber? ¿verdad Michael Jackson?. Y aquí, como casi siempre, propongo la revisión de una película americana, esta vez del año 2006, “Little Miss Sunshine”. Pero el problema no es solamente ese, el gran problema de las televisiones públicas y privadas es que, al menos en España, ponen los programas de aspirantes a niños prodigios a partir de las 10 de la noche, y algunas veces no acaban hasta bien pasada la 1 de la madrugada, a eso le llamo yo coherencia.

Otro tema de los niños y la TV, pongo el ejemplo del Football, uno tiene un hijo que juega en su centro escolar al balompié y lo más normal es que el padre quiera ver los partidos con el hijo. Se sientan frente al televisor y el partido va a empezar… pero antes de empezar hay como un decena o docena de anuncios de casas de apuestas que desarman al padre y a ver cómo le explica al hijo que realmente el fútbol es un deporte y no un negocio, y a ver cómo aparta al hijo del peligro de la inclinación a la ludopatía que los medios promueven sin ningún pudor.

También, dentro del apartado de niños prodigios, hay programas de concursos culinarios para niños, y también en hora de adultos de 10 a 12 de la noche, y aquí el peligro es otro, en una época de economías poco boyantes, de familias pertenecientes a una clase media que ve menguados sus recursos mes a mes, de la necesidad de recortar en todo tipo de gastos incluida la de la obligada y necesaria alimentación, pues bien, llega RTVE la televisión financiada por todos los españoles, incluyendo a la inmensa clase media de la que hablaba, y en vez de hacer un programa enseñando a los espectadores a cómo utilizar mejor los productos culinarios y trucos para una nutrición más económica, entendiendo que frecuentemente los productos alimenticios más caros no tienen que ser los más sanos, ni los más nutritivos, ni los más convenientes, entonces llega la Televisión del Gobierno (el que esté en ese momento) y ¡zas¡ el programa infantil donde manejan productos que ni ellos mismos conocen debido a su elevado precio, y aquel niño concursante que se atreva a hacer la cocina tradicional de la abuela es expulsado del programa sin miramientos e incluso humillado por los cocineros jueces de esa farsa que no es sino un “reality show” donde el guión está escrito de antemano.

Así pues, desde que se inventó el bidet y la máquina de cortar jamón ibérico, desde que los ciudadanos de color votan al KKK, y desde que el cocinero Carlos Arguiñano hace anuncios de “sopicaldos”, ya nada es lo mismo ni sabe igual ni hay en quien confiar, por eso titulo LA SINRAZÓN DE ESTOS TIEMPOS.

 

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