Nueva Delhi, ago 29 (SF).- El gurú Gurmeet Ram Rahim Singh, condenado este lunes a 20 años de cárcel por violación, inspira devoción en India, donde decenas de miles de discípulos lo siguen a ciegas.

Sus seguidores -desde políticos a actores, pasando por jugadores de cricket o campesinos pobres- escuchan embelesados a este hombre de barba negra, con acceso a grandes personajes de India en su cuartel general del norte del país.

Cuando “pita-ji” (“venerado padre”) llega a la ciudad de Sirsa, en el estado de Haryana, los fieles caen rendidos a sus pies llorando para recibir su bendición.

Esta devoción fanática se convirtió en tragedia la semana pasada cuando un tribunal declaró al gurú culpable de la violación de dos mujeres en un caso que se remonta a 2002. Al menos 38 personas murieron después de que decenas de miles de sus adeptos sembraran el terror en las calles de varias ciudades, quemando coches y generando disturbios.

El gurú, normalmente ataviado con ropa de colores chillones y muchas joyas, apareció en el tribunal vestido de blanco. En cuanto se conoció el veredicto, un lujoso helicóptero gubernamental lo transportó a la cárcel.

Este trato especial es revelador de la influencia política del “hombre dios”, que ya gozaba de un dispositivo de protección reservado a los políticos más importantes del país.

Los partidos, tanto del gobierno como de la oposición, intentan granjearse su simpatía desde hace tiempo. Su apoyo se traduce en sufragios en un país donde la disciplina de voto es importante a la hora de acudir a las urnas.

El poder del gurú es tal que muchos de sus fieles o aliados prefieren cerrar los ojos respecto a muchas de las polémicas que mancillan su reputación.

En 2015 fue acusado de haber animado a 400 discípulos a castrarse para acercarse a Dios. También fue investigado con relación al asesinato de un periodista en 2002.

 

Según su página web, el gurú con cara de bonachón, nació en una familia rica del estado de Rajastán (norte) el 15 de agosto de 1967.

“Sus padres se dieron cuenta muy pronto de que no era un niño normal, sino la imagen de Dios. Por eso nunca le hicieron daño ni física ni verbalmente”, afirma la reseña biográfica oficial.

Gurmeet Ram Rahim Singh (el patronímico que él mismo se ha puesto) se niega a ser encasillado en una religión particular. “Ram” es una referencia al hinduismo, “Rahim” al islam y “Singh” al sijismo.

A la cabeza de la secta Dera Sacha Sauda, el gurú desarrolló en los últimos años un imperio comercial, vendiendo productos peculiares, desde medicamentos naturales hasta orina de vaca, un animal considerado sagrado en el hinduismo.

 

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