La Habana, ago 23 (SF).- Hace tres años el joven cubano Yulier Rodríguez Pérez (Yulier P) comenzó a pintar en las paredes desaliñadas de La Habana sus graffitis, una suerte de hombrecitos calvos asustados o ansiosos.

Cada vez que la musa y una pared lo llamaban a pintar Yulier P., de 27 años, plasmaba su arte. Sin embargo, la semana pasada fue detenido durante 48 horas tras las cuales le dieron la opción de salir en libertad con una condición: borrar en siete días los más de 100 murales que ha estampado en las calles de La Habana. El plazo vence este jueves 24 de agosto y Yulier P, aunque firmó su condena no ha borrado ni tampoco comenzado otro mural.

“Siempre elijo lugares en mal estado, sin interés, grises, y creo que contribuyo a mejorar la imagen de La Habana, además de estimular una actitud social de análisis, de intentar mirar con claridad el futuro que queremos”, explica. En un país en el que la palabra política se evita, afirma que su arte es “social”, que no es “un ataque directo contra el sistema”, que su empeño es dar “estética a una ciudad destruida”, dijo a medios internacionales el artista.

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La noticia ha sido reflejada por medios internacionales que critican el accionar de las autoridades cubanas. Sin embargo se olvidan que este tipo de arte desde sus orígenes y hasta nuestros días destacada por su ilegalidad, generalmente realizados en espacios urbanos. Los más grandes graffiteros del mundo nunca han dado la cara, como el británico Banksy, el pintor urbano más famoso del mundo y cuya identidad se mantiene como un misterio.

Obra de Bansky

A mí personalmente todo lo que tenga que ver con este arte libre me evoca a un tema de Carlos Varela “Graffitis de Amor”.

 

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