Agencias, abr 20 (SF).- Una de cada 5.000 mujeres en el mundo nacieron sin vagina, sin útero y sin cérvix (cuello uterino). Joanna Giannouli es una de ellas y contó a la cadena británica BBC cómo es vivir con agnesia vaginal, el trastorno congénito también conocido como síndrome de Rokintansky.

[quote_box_center]A los 16 años Joanna Giannouli se enteró que tenía el poco común síndrome de Rokintansky y su vida cambió para siempre. Desde ataques de pánico, depresión y sentir «que no valía nada». [/quote_box_center]

La primera vez que fuimos al médico (y me dijo que tenía el síndrome de Rokitansky) mi padre puso buena cara. Mi madre, sin embargo, no se lo tomó tan bien. Y fue devastador verla así. No hablamos mucho de ello durante los primeros cinco años. Yo no podía. Me sentía destrozada y muy débil.

[quote_box_center]Mi madre cree que hizo algo mal durante el embarazo, aunque le expliqué que no era así; es una cuestión genética. Pero lo cierto es que es un trastorno muy estigmatizado y mi mamá no fue la única persona que se lo tomó mal.[/quote_box_center]

Lo más doloroso fue cuando mi pareja me dejó. Yo tenía 21 años, vivía en Atenas y mi novio y yo estábamos comprometidos. Cuando le expliqué mi trastorno, decidió romper conmigo.

[quote_box_center]Pero eso forma parte del pasado. Ahora tengo 27 años y una relación estable desde hace cinco. Mi novio supo sobre mi condición desde el principio y eligió estar conmigo. Sabe que tal vez no tengamos hijos, y tanto él como yo lo hemos aceptado. Y soy una de las más afortunadas.[/quote_box_center]

Mi madre me llevó al médico cuando tenía 14 años porque todavía no tenía la menstruación, pero no me examinaron, y a los 16 me enviaron al hospital para que me hicieran unas pruebas. Se dieron cuenta de que no tenía túnel vaginal y de que tenía el síndrome de Rokitansky. Había nacido sin una vagina funcional y los doctores tendrían que fabricarme una para poder tener relaciones sexuales.

[quote_box_center]Al año siguiente, me operaron. Todo salió muy bien. Estuve unas cuatro semanas en el hospital y después tuve que pasar tres meses en cama. Hice ejercicios vaginales para poder expandir mi nuevo cuello uterino.[/quote_box_center]

Mi nueva vagina era estrecha y pequeña, y me resultaba doloroso mantener relaciones sexuales. Tuvieron que volver a operarme para expandir la entrada vaginal. Después de eso, me encontraba bien físicamente, pero no tanto mentalmente; es una carga que va contigo y de la que no te puedes deshacer.

[quote_box_center]Algunas parejas abusaron emocionalmente de la situación y me costó años tener una relación estable. Es una situación insoportable que te hace sentir un gran vacío y te llena de rabia, culpa y vergüenza. Fue duro. Y me pasó factura a nivel físico y emocional.[/quote_box_center]

Han pasado casi 10 años y todavía me siento mal al respecto pero ya no me causa vergüenza. Me he dado cuenta de que es algo que no puedo cambiar; tengo que aceptarlo y vivir con ello.

[quote_box_center]Tuve depresión, ansiedad y ataques de pánico. Pero me enseñó una lección y, aunque no creo en Dios, pienso que es una gran llamada de atención para no dar nunca nada por sentado.[/quote_box_center]

Volví a nacer. Me dio una nueva identidad y me cambió la vida. Antes, era una adolescente con mis típicos altibajos. Pero esto me hizo madurar y crecer rápidamente. Y me siento agradecida por ello. No mucha gente sabe esto sobre mí; quise mantenerlo en secreto.

Me encantaría ser madre de alguna manera, ya sea maternidad biológica o subrogada. Es liberador hablar sobre ello. Y quiero apoyar a todas las mujeres que sufran esta condición porque sé lo difícil que puede llegar a ser. Si no nos ayudamos entre nosotras, ¿quién si no?

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