Agencias, abr 6 (SF).- El estado de Texas ejecutó a Pablo Vásquez, un latino de 38 años que en 1998 asesinó a un adolescente después de una fiesta y se bebió su sangre.

[quote_box_center]A Vásquez, de 38 años, lo declararon muerto a las 06:35 p.m. (hora local) tras recibir una inyección letal en la prisión de Huntsville, de acuerdo con la notificación del Departamento de Justicia Criminal de Texas.[/quote_box_center]

Sus últimas palabras fueron: «Lo siento por la familia de David. Esta es la única manera de que me perdonen. Aquí tienen su justicia».

[quote_box_center]Horas antes de la ejecución, los magistrados del Tribunal Supremo de Estados Unidos rechazaron un recurso de última hora presentado por los abogados del preso en el que argumentaban que Vásquez no tuvo un «juicio justo».[/quote_box_center]

En su opinión, el tribunal que condenó a Vásquez en 1999 «rechazó de forma deliberada a los candidatos a jurado que se manifestaron en contra de la pena de muerte».

[quote_box_center]De acuerdo con su confesión, Vásquez acudió a una fiesta en la localidad fronteriza de Donna acompañado de su primo de 15 años, Andy Chapa, y un amigo de este, David Cárdenas, de 12.[/quote_box_center]

Pasada la medianoche y después de consumir drogas y alcohol, los tres se fueron de la fiesta.

Fue entonces cuando Vásquez, que en ese entonces tenía 20 años, golpeó a Cárdenas con una tubería, le cortó la garganta, se bebió su sangre, le descuartizó los dos brazos y trató de enterrarlo en un descampado al que arrastró el cuerpo con la ayuda de su primo.

[quote_box_center]»No lo sé, de repente perdí la consciencia. Empecé a escuchar voces en mi cabeza y le dije a mi primo que alguien me estaba diciendo ‘mátalo, mátalo’, así que lo tomé por sorpresa, le golpeé y entonces él cayó al suelo», confesó Vásquez a la Policía.[/quote_box_center]

También trató infructuosamente de cortarle la cabeza: «El diablo me estaba diciendo que lo hiciera».

La Policía halló el cuerpo de Cárdenas al cabo de cuatro días y una pista anónima condujo a los investigadores a Chapa y después a Vásquez, que había huido a Houston tras cometer el crimen.

Chapa, por su parte, cumple una pena de 35 años de cárcel. Además, otros tres familiares de los primos fueron condenados a penas menores por ayudar a Vásquez a huir y a uno lo deportaron a Guatemala.

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