Jerusalén, 29 mar (SF).- Miles de personas portando palmas y ramos de olivo conmemoraron la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, marcando el inicio a la semana de la Pascua en Tierra Santa.

La marcha comenzó a primera hora de la tarde en la iglesia franciscana de Betfagé, situada en el Monte de los Olivos, desde donde descendió acompasada por hosannas y la percusión de tambores y panderetas, hasta la iglesia de Santa Ana, en la Vía Dolorosa de la ciudadela amurallada.

Acompañados por un cielo despejado y un sol primaveral, pese a una inusual tormenta registrada a primera hora del día en Jerusalén, los fieles recorrieron junto a los monjes franciscanos de la Custodia en Tierra Santa los distintos pasajes narrados en el Evangelio hasta llegar a la antigua Jerusalén.

“Nuestra bandera palestina no tiene Estado (…)

(…) Pedimos al mundo desde este sitio que recen por la paz, el amor y por Jerusalén, que no sabe del amor de Dios. Así puede conocer la justicia y el amor de todo el mundo”, pidió el padre Ibrahim Shomali, de la localidad cristiana de Bet Yala, inmediata a Belén, junto a una pancarta en recuerdo a las beatas palestinas María Alfonsina y María de Jesús Crucificado que serán canonizadas el próximo mes de mayo.

A diferencia de celebraciones del Domingo de Ramos tan arraigadas en países como España, donde es frecuente observar realistas tallas y una profusión de filigranas y artificiosas procesiones, en Tierra Santa la magia suele consistir en la unicidad de recorrer los mismos pasos que siguió Jesús de Nazaret, a veces con simples ramos, cruces de madera, cánticos o banderas.

Cinco días antes de su condena a muerte, el Nuevo Testamento narra que Jesús entró en la ciudad entre alabanzas a lomos de un humilde pollino que nadie antes había montado para tamaño viaje.

En la aldea palestina de Betfagé, situada extramuros hace dos milenios, se encuentra la piedra gracias a la cual, según la tradición, Jesús se ayudó para montar en el animal y que marca hoy el origen del homenaje.

Las celebraciones de la Semana Santa en Jerusalén alcanzan su punto álgido el Viernes Santo, en el que una procesión recorre el Vía Crucis por la Vía Dolorosa rememorando la pasión de Cristo y sus últimas horas antes de ser crucificado en el Gólgota.

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