Agencias, ene 11 (SF).- Anthony Gignac nació en Colombia pero pasó la mitad de su vida diciendo que era miembro de la familia real saudí.

Sus víctimas concuerdan en que el sultán Bin Khalid Al Saud, Anthony en realidad, era un hombre ocupado y aventurero que llegó de Arabia Saudí en busca de negocios multimillonarios en Estados Unidos. Todo era mentira.

Alguna vez, una de las víctimas de Anthony lo ofendió y tuvo que regalarle algo valorizado en 50.000 dólares para así reparar sus emociones.

Pero la vida llena de mentiras de Anthony inicia desde que es pequeño, antes de su adopción.

“Mi padre se enfadará por el mal trato que mes están dando”, decía sembrando temor entre los trabajadores quienes accedían a los caprichos del colombiano.

Anthony fue un niño que llegó junto a su hermano a un orfanato de Bogotá, Colombia luego de que su papá matará a uno de sus hermanos menores porque no tenían nada que comer.

Adoptado por una pareja estadounidense y criado a la par en las calles de Michigan, Anthony desarrolló un talento por la estafa. Ya de pequeño aseguraba que su madre era dueña del Grand Hotel en Mackinac Island y que su padre era un reconocido actor del cine estadounidense.

Años después, valido de una placa diplomática y haciéndose pasar por un príncipe, el entonces joven estadounidense defraudó a un hotel por la suma de 10.000 dólares.

Luego de ese golpe, Anthony se dio una opulenta vida en Miami en donde sacó varias tarjetas de crédito a nombre del príncipe saudí, a pesar de que la identificación que usaba no pertenecía a la que figuraba en la tarjeta.

 

El injustificado gusto que tenía Anthony por las cosas caras lo llevó a caer, pero no por las sospechas de su fortuna. Todo empezó con un robo.

Un día Anthony fue víctima de un asalto donde fue golpeado y despojado de sus pertenencias. Las autoridades revisaban los hechos hasta que de repente uno de los oficiales tuvo la idea de llamar a la embajada para notificar el hecho.

La embajada no estaba enterada que algún príncipe haya llegado a Estados Unidos en busca de millonarios negocios. Desde entonces Anthony estuvo bajo la mira de las autoridades policiales.

Hasta la fecha ha sido detenido al menos 6 veces con el mismo modus operandi. La primera vez que fue arrestado, logró salir en libertad gracias a que convenció a su abogado que realmente era el príncipe saudí, lo que motivó al hombre de leyes a buscar un pago de fianza y así lograr su libertad.

Otra de las excusas que Anthony usó en la corte es que sufría de demencia mental.

Lo realmente cierto es que ahora, hace algunas semanas volvió a ser detenido y podría pasar hasta 10 años en la cárcel, enfrentando cargos por conspirar para cometer una ofensa contra Estados Unidos, hacerse pasar por un diplomático extranjero, mal uso de su pasaporte, robo de identidad agravado y posesión de un arma por un criminal convicto.

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