Boston, oct 12 (SF).- …”Se dice que el ansioso esconde un alma en paz”…

Supongo que también viceversa, caras tranquilas que ves pasar en los parques y conducir sus autos, enfrentan grandes tormentos.

Así he conocido a varias personas, sentada en la cabina para fumar de un hospital (puedes poner el nombre que gustes).

Dulce, amable, contrariada, esta señora inclinó y me pidió un cigarrillo, traté de confortarla mientras lo encendía; me contó de su vida esta semana. 5 días en hospital con su hijo menor en cama y muchos temores por su vida. Aún así, él mismo le pidió que se tomara un descanso porque se veía terrible… ella sintió paz, ella me transmitió esa paz.

Perdí la cuenta de los cigarrillos que he regalado pero no de las miradas y sonrisas que tratan de comunicar cercanía, que no todo está arruinado…

Así pareció decirme esa otra dama a la que acabo de conocer. Ella cuidaba de su madre en silla de ruedas y también a una amiga a la que han trasladado miles de kilómetros, ella sigue honrando el compromiso de acompañarla, aunque no puede verla, aunque su amiga está en Intensivos hace 1 mes, ella la conforta… también a mí ahora.

No me gusta hablar, menos en lengua extranjera pero lo hice, me abrí a hablarles, verles los ojos… mi recompensa, esa recarga que me dice que aunque sienta la tierra temblar bajo mis pies, el agua llegar a mi nariz, el calor muy cerca de piel, hay brillos y mensajes que hacen suponer que todo va a estar bien, aunque no sea MI bien o el bien que quiero yo ver.

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